Prólogo
Mi querido amigo y colega Montgomery me ha solicitado que le haga el prólogo de esta su nueva obra. Nada me hace más feliz que poder escribir estas pocas líneas para glosar la magnífica tarea que Monthy acomete con su ya aclamada “Funny management Lee-brary”.
A lo largo de mis muchos años al frente de la Sydney Moodlands University, nada me hacía pensar que cuando contratamos al profesor Lee, entonces una joven promesa procedente del MIT, como profesor ayudante, estábamos adquiriendo para nuestra institución a una de las más brillantes estrellas de la docencia, la conferencia y la impertinencia. El joven Montgomery, como se suele decir, apuntaba buenas maneras, pero su carácter rebelde no nos hacía augurarle un destino triunfante. Pero, lo que son las cosas, le dio por escribir novelas empresariales, le empezaron a solicitar de todas las instituciones del país y, de la noche a la mañana, se había convertido en toda una celebridad.
Por esto, por la amistad que nos une y, por qué no admitirlo, por el 10% de sus beneficios, he accedido a escribirle estas pocas líneas.
Ya sé quien tiene tu queso no es la típica novela empresarial, insulsa y sin contenido. No es la novela que uno lleva en el avión para dárselas de intelectual, sino que es una increíble novela de aventuras, con un ritmo trepidante. Además, el continuo uso de los dobles sentidos, tanto en los nombres de los personajes como de las localizaciones, aporta un punto de humor del que, salvo muy contadas ocasiones, carecen todos los libros de Management.
Y, sin embargo, retrata con quirúrgica precisión la realidad más habitual de la elaboración de los proyectos en el mundo real. En el trasfondo del libro, se refleja la cruda realidad de las prácticas de contratación de servicios. Como se menciona en un artículo, existe una tendencia compulsiva a la externalización de servicios, porque otros lo hacen, porque está de moda ó porque sí. Lo mismo ocurre con el resto de estrategias de contratación, que se usan de forma indiscriminada, muchas veces sufriendo los inconvenientes de cada una de ellas y sin disfrutar de ninguna de las ventajas.
No me quiero extender mucho más. Supongo que estarán deseando devorar esta apasionante novela, y, por otro lado, por el 10% no puedo dedicar ni un minuto más.
William K. Membert
Decano
The Sydney Moodlands University